Los tractores los conducen los papás, ¿a qué sí?

Fotografía: Maribel Sobrino

La otra noche estaba contando el cuento que eligió el peque. Un cuento sin mayores pretensiones que repasar cómo es un día en una granja. Animales de distinto tipo, despertarse con el sonido del gallo, ver a las gallinas poner huevos… Cuando llegamos a la parte del tractor, mi pequeño (con 3 años recién cumplidos), me interrumpió y me dijo:

  • «Mamá, un tractor. Los tractores los conducen los papás, ¿a qué sí?».
  • «Este es un señor, pero los tractores los pueden conducir chicos y chicas»
  • «No, mamá, los tractores los conducen los papás»
  • «Las mamás también podemos conducir un tractor»
  • «No, mamá, tú no puedes»
  • «¿Cómo que no? ¿Te imaginas a mamá subiendo a un tractor?» (escenificando)
  • «Los tractores los conducen los papás y las mamás»

Y seguimos leyendo el cuento. Yo que me quedé enganchada en cómo mi hijo, con sus 3 añitos, ya estaba reproduciendo un estereotipo de género. ¡Con 3 años!

¿Y por qué no? Parece que los niños pequeños están ajenos al mundo, que solo juegan, aprenden a andar, a hablar, a decir los números y las letras, a reconocer los colores,… Y que no se enteran de mucho más. Pero mientras aprenden todos esos conceptos, están aprendiendo con nosotros y con todo lo que les rodea, cómo funciona este mundo.

Me acuerdo hace años cuando empezó a hablarse más de la importancia de cambiar los cuentos. Fue ese el momento en el que aparecieron más libros y cuentos donde las princesas y los príncipes no hacían lo que se esperaba de ellos, donde las niñas podían ser superheroínas y los niños expresar sentimientos, donde los cuentos podían dar un giro cambiando los papeles,… En ese momento ese cambio costó y no todo el mundo lo entendía. Empezó también a plantearse que los catálogos de juguetes reproducían estereotipos de género, y que tenían que dar un giro. Que el rosa y el azul no tendría que adjudicarse por sexos, ni los niños siempre estuvieran asociados a coches y las niñas a cocinitas y muñecas.

Si un niño o una niña de 3 años ve que hay cosas donde solo aparecen chicos, ¿qué pensará? ¡Fácil! Que son cosas de chicos. Y al revés en el caso de las chicas. Porque el mundo no se construye y se aprende por las ideas, sino por la representación que nos hacemos. La música que escuchamos, los libros que leemos, lo que vemos en televisión, lo que consumismos en redes sociales o en YouTube, la publicidad, cómo se comportan nuestro padre, madre, abuelo, abuela, profe, vecinos,… Todo eso serán nuestros referentes, que harán que desarrollemos las primeras ideas de lo que se puede esperar del mundo.

Por todo esto, se hace muy importante que seamos especialmente cautelosos en lo que mostramos del mundo a nuestros hijos. Hay que tener especial cuidado en no dejarles expuestos al mundo sin ofrecerles la alternativa crítica. Eso conlleva que tengamos puestas las gafas críticas, que cuestionen y que intenten ver la realidad lo más limpia posible de estereotipos, prejuicios e ideas preconcebidas. Porque solo teniendo nuestra mirada limpia, podremos ayudar a que las diferencias no signifiquen desigualdad. Las diferencias existen, y hacen más rico a nuestro mundo. Las diferencias no pueden usarse para crear personas inferiores y personas superiores.

Los niños y las niñas nos muestran muchas veces su mirada limpia. ¡Qué importante es aprender de la mirada de los pequeños! Los niños y las niñas son conscientes de las diferencias, pero al principio simplemente son diferencias que estimulan su curiosidad. Es cuando pasa el tiempo, y eso se alimenta de juicios, donde ya se producen las desigualdades.

Te cuento una anécdota muy sencilla. Este verano estábamos en la playa bañándonos cuando mi hijo (poco más de 2 años y medio entonces), se puso a gritar: «¡negro! ¡negro!». No tenía ni idea de lo que quería decir, pero mientras lo repetía se puso a señalar. Por allí pasó un chico negro que estaba jugando a la pelota. Mi hijo solo vio la diferencia y le pareció curiosa, no había desigualdad, no lo vio como algo peor o mejor, simplemente diferente.

Aún nos queda mucho por hacer para mantener limpia la mirada. En ello estamos. Y hay que seguir, sumando cada día más, y sin quitarnos las gafas críticas.

 

¿Te sumas a intentar mantener tus gafas limpias?

 

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