Los tractores los conducen los papás, ¿a qué sí?

La otra noche estaba contando el cuento que eligió el peque. Un cuento sin mayores pretensiones que repasar cómo es un día en una granja. Animales de distinto tipo, despertarse con el sonido del gallo, ver a las gallinas poner huevos… Cuando llegamos a la parte del tractor, mi pequeño (con 3 años recién cumplidos), me interrumpió y me dijo:

  • «Mamá, un tractor. Los tractores los conducen los papás, ¿a qué sí?».
  • «Este es un señor, pero los tractores los pueden conducir chicos y chicas»
  • «No, mamá, los tractores los conducen los papás»
  • «Las mamás también podemos conducir un tractor»
  • «No, mamá, tú no puedes»
  • «¿Cómo que no? ¿Te imaginas a mamá subiendo a un tractor?» (escenificando)
  • «Los tractores los conducen los papás y las mamás»

Y seguimos leyendo el cuento. Yo que me quedé enganchada en cómo mi hijo, con sus 3 añitos, ya estaba reproduciendo un estereotipo de género. ¡Con 3 años!
¿Y por qué no? Parece que los niños pequeños están ajenos al mundo, que solo juegan, aprenden a andar, a hablar, a decir los números y las letras, a reconocer los colores,… Y que no se enteran de mucho más. Pero mientras aprenden todos esos conceptos, están aprendiendo con nosotros y con todo lo que les rodea, cómo funciona este mundo.
Me acuerdo hace años cuando empezó a hablarse más de la importancia de cambiar los cuentos. Fue ese el momento en el que aparecieron más libros y cuentos donde las princesas y los príncipes no hacían lo que se esperaba de ellos, donde las niñas podían ser superheroínas y los niños expresar sentimientos, donde los cuentos podían dar un giro cambiando los papeles,… En ese momento ese cambio costó y no todo el mundo lo entendía. Empezó también a plantearse que los catálogos de juguetes reproducían estereotipos de género, y que tenían que dar un giro. Que el rosa y el azul no tendría que adjudicarse por sexos, ni los niños siempre estuvieran asociados a coches y las niñas a cocinitas y muñecas.
Si un niño o una niña de 3 años ve que hay cosas donde solo aparecen chicos, ¿qué pensará? ¡Fácil! Que son cosas de chicos. Y al revés en el caso de las chicas. Porque el mundo no se construye y se aprende por las ideas, sino por la representación que nos hacemos. La música que escuchamos, los libros que leemos, lo que vemos en televisión, lo que consumismos en redes sociales o en YouTube, la publicidad, cómo se comportan nuestro padre, madre, abuelo, abuela, profe, vecinos,… Todo eso serán nuestros referentes, que harán que desarrollemos las primeras ideas de lo que se puede esperar del mundo.

Por todo esto, se hace muy importante que seamos especialmente cautelosos en lo que mostramos del mundo a nuestros hijos. Hay que tener especial cuidado en no dejarles expuestos al mundo sin ofrecerles la alternativa crítica. Eso conlleva que tengamos puestas las gafas críticas, que cuestionen y que intenten ver la realidad lo más limpia posible de estereotipos, prejuicios e ideas preconcebidas. Porque solo teniendo nuestra mirada limpia, podremos ayudar a que las diferencias no signifiquen desigualdad. Las diferencias existen, y hacen más rico a nuestro mundo. Las diferencias no pueden usarse para crear personas inferiores y personas superiores.
Los niños y las niñas nos muestran muchas veces su mirada limpia. ¡Qué importante es aprender de la mirada de los pequeños! Los niños y las niñas son conscientes de las diferencias, pero al principio simplemente son diferencias que estimulan su curiosidad. Es cuando pasa el tiempo, y eso se alimenta de juicios, donde ya se producen las desigualdades.
Te cuento una anécdota muy sencilla. Este verano estábamos en la playa bañándonos cuando mi hijo (poco más de 2 años y medio entonces), se puso a gritar: «¡negro! ¡negro!». No tenía ni idea de lo que quería decir, pero mientras lo repetía se puso a señalar. Por allí pasó un chico negro que estaba jugando a la pelota. Mi hijo solo vio la diferencia y le pareció curiosa, no había desigualdad, no lo vio como algo peor o mejor, simplemente diferente.
Aún nos queda mucho por hacer para mantener limpia la mirada. En ello estamos. Y hay que seguir, sumando cada día más, y sin quitarnos las gafas críticas.
 

¿Te sumas a intentar mantener tus gafas limpias?

 

Disfruta como un niño con El asombroso mundo de Bernardo, un libro de César Bona

 

¿Sabes esa sensación cuando lees un cuento a tus peques, y observas que estas igual de enganchada que ellos?

 

Pues eso es lo que me pasó al abrir el cuento de El asombroso mundo de Bernardo, de César Bona.

 

Cuando te paras a observar el juego de un niño, sin prisas, sin juicios, una sonrisa suele aparecer en la boca sin darte cuenta. Así me sentí al ir leyendo las líneas de este cuento, con una sonrisa dibujada en mi cara.

 

 

Te voy a presentar al protagonista del cuento. Bernardo es un niño como cualquiera de los niños y niñas que tenemos alrededor. Como nuestros peques, alumnos y alumnas o los niños y niñas de nuestro vecindario. Es un niño con una imaginación rebosante, que se traslada a otros mundos sin planificarlo. En cuestión de segundos y sin planificarlo, su mente le lleva a volar y a viajar por encima de las cabezas de todos, mientras su cuerpo está en su clase o en su casa.

 

Es un niño que cuando ve algo brillante o algo divertido, sabe enseguida que ha encontrado algo genial y que le servirá para algo muy chulo. Que cuando ve un plato lleno de spaguettis no ve solo comida, ve el tremendo juego que le dan esos spaguetti hiper largos. ¡Comer spaguetti es todo un arte!

 

Le encanta ver sonrisas a su alrededor y, si para que su abuelo sonría tiene que ponerle tesoros en su camino, busca los tesoros que se necesiten hasta ver que se siente bien. Bernardo disfruta de las pequeñas grandes cosas de la vida que no son compradas: saltar charcos y correr descalzo sobre la hierba mojada es una de esas experiencias que no se pagan con dinero 😉

 

 

Los adultos de su alrededor, incluyendo su hermana mayor, no ven tan divertido todo eso que hace. ¿Por qué sale al jardín justo cuando está lloviendo y luego pone todo perdido? ¿Por qué pasa a la cocina recién fregadas si le han dicho mil veces que no lo haga? ¿Por qué no hace caso a la profesora?

 

 

Bernardo no se sentía comprendido. Y realmente los mayores no le comprendían… Eso le llevaba a sentirse mal. Él no quería que los mayores le regañaran todo el tiempo…

 

¿Crees que Bernardo se estaba «portando mal»?

 

Es muy frecuente que ante estos comportamientos los adultos lleguemos a pensar que se porta mal, que «lo hace para llamar la atención» o porque es un niño al que «no le han enseñado educación». ¿Te has parado a pensar alguna vez desde su punto de vista? ¿Has intentado situarte en la forma de percibir y vivir el mundo de un niño de su edad y dejarte llevar?

 

La familia de Bernardo pensó en mucho más que lo que se veía y que las «travesuras» que podían apreciar, y se dieron cuenta de que Bernardo hacía muchas cosas por los demás y que había muchísimas cosas que Bernardo hacía que eran muy divertido. Cuando veías el mundo desde donde lo hacía Bernardo, te dabas cuenta que… ¡Bernardo era muy divertido!

 

 

¿Quieres ver qué hizo la familia de Bernardo cuando se dio cuenta de por qué Bernardo actuaba así? Te doy una pista… no le regañaron ;). Tendrás que abrir el libro para llegar al final, que mola vivirlo.

 

Además de un precioso cuento con las bonitas ilustraciones de Óscar Julve, el libro tiene una parte dirigida a los padres, donde hace un resumen de algunas de las cosas más importantes en la manera de pensar de los niños.

 

Utiliza también en otro apartado la técnica de las palabras al vuelo, con la que fomenta la curiosidad por lo leído e invita a profundizar más en el texto de una forma divertida. Una técnica estupenda para practicar la comprensión lectora, que es algo que necesitan nuestros peques y nosotros mismos para una buena lectura.

 

Y después de esto sólo me queda decirte que yo que tú no dejaría pasar la oportunidad de disfrutar de este libro. Para tus peques, y también un poquito para ti 😉

 
 
 

Ficha técnica:

 

Título:

El asombroso mundo de Bernardo

Autor:

César Bona

Ilustración:

Óscar Julve

Editorial:

Beascoa. Colección: Emociones, valores y hábitos.

Edad recomendada:

aunque en todos los sitios leo que la edad es de 4 a 8 años,

yo diría que es un libro para todas las edades.

 

Si quieres adquirir el libro,

puedes hacerlo pinchando en la imagen:

 

Hoy Leemos: Cómo aprendió a contar el tigre, Janosch. Un libro de Patio Editorial

Cuando los peques se enfrentan a aprender los números, a veces se hace una tarea tediosa y repetitiva. Lo que se puede aprender de una forma divertida y mediante el juego, no siempre es así. En muchos casos, las fichas son las reinas de la enseñanza, y los números pueden atravesarse.

 

¡Y es tan importante que los niños le cojan el gusto a los números y a las matemáticas!

 

En realidad hay muchos momentos en nuestro mundo que tienen que ver con los números. Los niños desde muy pequeños escuchan en cosas relacionadas con las matemáticas:

 

  • «¿Me traes 5 huevos para la tortilla?«, oyen en casa a la hora de cenar.
  • «¿Qué ojo te molesta? ¿Un ojo? ¿O los dos?«, le decimos a su hermana mientras los pequeños observan la escena.
  • «¿Saltamos? A la 1, a las 2 y a las 3…«, jugamos.

 

Y así en miles de momentos, muchos de ellos sin ser apenas conscientes, ya que forman parte de nuestra vida cotidiana.

 

He descubierto un libro de esos que en casa tanto nos gustan, de los que nos enseñan sin darnos cuenta. Este cuento es de los que ayuda a aprender jugando sobre el maravilloso mundo de los números.

 

Janosch trae un cuento que te atrapa en cuanto empiezas a leerlo: «Cómo aprendió a contar el tigre». Y trata precisamente de eso, de contar cosas.

 

Fotografía: Maribel Sobrino

 

De una manera muy cercana, el pequeño oso y el pequeño tigre, nos va implicando en el proceso de contar cosas. Y, poco a poco, de una manera muy fluida, te encuentras contando las cosas que te va proponiendo el libro. Primero contarás a los personajes que van saliendo, uno a uno. Después contarás comida. Se van añadiendo árboles e incluso todos los personajes que van saliendo en la historia: cerezas, amigos, gallinas,…

 

Fotografía: Maribel Sobrino

 

Poco a poco, junto a tus peques, el libro de envolverá y tendrás ganas de contar más cosas. El cuento anima a los pequeños a que escriban en el libro los números que les van saliendo de contar unas y otras cosas. Y contando personajes, y contando animales, y contando comida, y árboles, y… sin darte cuenta, estarás sumando. Sin darte cuenta, tus hijos estarán sumando de una manera divertida.

 

A tus hijos les pasará como le ocurre al personaje del cuento, que sin darse cuenta, habrá aprendido a contar.

 

Fotografía: Maribel Sobrino

 

Porque contar es divertido, ¿verdad? Pues depende de cómo te lo cuenten, pero con este cuento te aseguro que tus peques aprenderán a contar casi sin darse cuenta. Porque todo se aprende mejor jugando, ¿verdad?

 

Y, como Janosch dice en su cuento, «Quien va por la vida sin saber contar no llega a ningún sitio».

 

Fotografía: Maribel Sobrino

 

Ficha del libro

 

 

¿Quieres saber más o quieres comprar este libro?

 

Pincha la foto.

 
 

Otros títulos que te pueden interesar

 

Ellie, la elefantita creativa

Fotografía: Maribel Sobrino

 

Un libro lleno de erroresLa peque leyendo Un libro lleno de errores

 

El Garaje de Gus

 

#HoyLeemos: El Garaje de Gus, de Leo Timmers

¡Qué cantidad de libros chulos estamos descubriendo últimamente!

 

El libro que hoy tengo entre manos, y que mis pequeños cogen y revisan muy a menudo, es un libro diferente que fomenta valores tan importantes como la reutilización y recuperación de objetos. Y además, el personaje principal, nuestro Gus, es un cerdito. ¡Todo lo que tenga cerdito o lobo en este momento en mi casa triunfa! 😉

 

Ya sabes que en casa nos encantan las lecturas que fomentan valores. En otros post ya te hablé por ejemplo de Un libro lleno de errores o de Ellie, la elefantita creativa.

 

De una manera divertida y en forma de rima, nuestro personaje, Gus, el protagonista de la historia va resolviendo las diferentes situaciones que otros personajes le van presentando. 

 

 

Gus tiene un garaje lleno de cosas. Tiene un montón de cosas de esas que desde fuera pueden parecen trastos. Sin embargo, cuando se presenta un problema, su mente se pone en funcionamiento. Su imaginación y creatividad dará otra vida a esos objetos que aparentemente ya no sirven. Y creará nuevas cosas que solucionarán los problemas a otras personas y a él mismo. 

 

En estos tiempos que corren, con nuestro medio ambiente amenazado, me parece muy importante educar a nuestros hijos y seguir concienciando de la importancia de las 4 R: Reducir, Reutilizar, Reciclar y Recuperar. Este es un libro que incide precisamente en estos valores. 

 

Pero además, no sólo sirve para concienciar, sino para fomentar la creatividad. Un enfoque optimista, donde se vea más la oportunidad y la solución, más que el problema, es algo necesario en los tiempos que corren. Y Gus es un personaje simpático, que no se para en los problemas, siempre ve algo más allá. Siempre mira a un punto que a muchos se nos pasaría desapercibido. 

 

 

¿Qué puede crear para una jirafa que le da demasiado el aire en su descapotable? ¿O para un sapo que va en su coche y necesita hidratarse? Situaciones curiosas, ¿verdad? Pues Gus es capaz de inventar algo que lo solucione. 

 

¿Quieres ver más? En este enlace puedes descubrir más sobre este simpático cuento, que además tiene unas ilustraciones divertidas y muy llamativas.

 
 
 

DATOS PRÁCTICOS

 

Nombre del libro: El garaje de Gus

Autor: Leo Timmers

Precio: 14,15€ (revisa este enlace para ver el precio actualizado)

Edad recomendada: de 0 a 5 años

Editorial: Harper Kids

#HoyLeemos: Ellie, la elefantita creativa, de la editorial Beascoa

 

¿Has tenido momentos donde creías que no tenías ningún talento?

 

¿Te has comparado con los demás y en ellos sólo veías habilidades y cosas a resaltar

y, sin embargo, en ti no encontrabas esas capacidades a destacar?

 

¿Has visto reflejado esto mismo en tus hijos?

 

¿Te has encontrado explicándoles que no se comparen,

que hacen muchas cosas bien,…

y aún así has seguido viendo en sus ojos que no se sentían capaces?

 

De esto es precisamente de lo que trata el cuento escrito por Mike Wu: Ellie, la elefantita creativa, de la Editorial Beascoa.

 

Ellie es una pequeña elefantita que vive en un zoo con el resto de animales… El zoo no es un zoo cualquiera. Ya sé que a muchos de vosotros no os gustan los zoos tradicionales. A mi tampoco. Me gusta que los animales vivan libres. Este zoo es diferente. Es una gran familia, donde incluso el guardián es parte de ellos.

 

Un día, el guardián del zoo aparece preocupado y convoca a todos los animales para darles una noticia, la peor de las noticias: el zoo va a cerrar.

 

 

Después de la noticia, los animales sacaron su parte más optimista y «echada para adelante» y cada uno se puso a hacer lo que mejor sabía y así pider contribuir a que el zoo continúe abierto. Lucy, la jirafa, la más alta, se encargará de podar los árboles. Max, el gorila, que es el más fuerte, quitará rocas y obstáculos del camino…

 

Y, como una gran familia, todos van encargándose de una función para ayudar a que el zoo, su casa, continúe abierto.

 

 

Todos menos Ellie, la elefantita. Ella era pequeña, y no llegaba a las ramas de los árboles. Tampoco era lo suficientemente fuerte como para mover cosas de sitio, ni podía hacer lo que estaban haciendo los demás animales… ¿Qué podía hacer ella? No sentía que tuviera ningún talento que pudiera ayudar a que el zoo siguiera abierto.

 

En estas estaba cuando encontró un objeto que le resultó curioso. ¿Qué era ese objeto de madera que tenía pelillos?

 

¡Uy, si al probarlo salía color!

¡Y pintaba!

 

 

Y así fue como, sin querer, y sin saber lo que estaba haciendo, Ellie se centró en hacer algo. No se dejó llevar por esa vocecilla interior que le decía continuamente todo lo que no sabía hacer, que le comparaba con todos los demás animales y con esas habilidades con las que ella sólo podía soñar. Porque era pequeña, no era fuerte,… En ese rato sólo se centró en lo que estaba haciendo, apagando la voz interior. Sólo vivió el presente y disfrutó de ello.

 

 

Ellie se sentía feliz pintando sin parar, y los demás reconocían el gran talento que tenía la pequeña elefantita. El resto de animales y gente de todo el mundo venían a pedir a Ellie que les pintara, o venían a observar cómo ejecutaba su arte.

 

Y, poco a poco, sin darse cuenta, el zoo fue llenándose de gente que iba a visitarles. Todos, como una gran familia, tenían de nuevo una función, algo que hacer, cada uno algo que se le daba bien. Mientras Ellie pintaba y pintaba, otros animales se encargaban de hacer de guías, de recibir a los visitantes, o cualquier cosa que necesitara el zoo en esta nueva etapa.

 

 

Y… ¿te imaginas lo que ocurrió con el zoo? Que todos, trabajando juntos, consiguieron que el zoo siguiera abierto y que todo el mundo, los visitantes y los animales, disfrutaran de ese lugar.

 

¿Te imaginas una forma mejor de trabajar la autoestima que mediante un cuento?

¡Los cuentos son mágicos!

 

Mira qué bonito el cuento con música 😉

 

 

En la página del autor, encontrarás un segundo cuento de la misma serie: Ellie in concert, que tiene una pinta estupenda. Y además, viene con actividades, algo que a los niños siempre les encanta. Puedes descargar las actividades aquí.

 

 
 
Para que sepas más de este libro, te dejo aquí los datos fundamentales:

 

Puedes conseguir el libro aquí:

 

Y si quieres educar con los libros, también te recomiendo: Cuentos que educan: Un libro lleno de errores. Un libro excepcional para aprender desde la experimentación que incluso los mayores errores pueden llevar a las mejores creaciones.

 

Fotografía: Maribel Sobrino

 
 

Otros títulos recomendados

 

El Garage de Gus


 

Un libro lleno de errores


 
 
 
 

Cuentos que educan: Un libro lleno de errores

¡Cuánto nos frustra un error!

¡Cuánto nos puede paralizar el miedo a equivocarnos!

 

Los errores nos frustran tanto a adultos como a niños. No nos gusta equivocarnos. No nos apetece ver en los ojos de los demás o en sus palabras que nos hemos equivocado. Y nos gusta menos aún nos gusta la voz que aparece en nuestro interior cuando nos equivocamos. «¡Eres tonto!», «¿No eres capaz ni siquiera de hacer esto bien?», «¡Si tampoco es tan difícil!».

 

No digamos nada de las emociones que surgen en nosotros ante una equivocación, emociones que muy a menudo nos hacen muy difícil el manejo adecuado y sano de esa situación.

 

Esto es parte de lo que se habla tanto respecto a los niños, a baja tolerancia a la frustración. Hay niños a los que cuando no les sale una cosa, es mejor ponerse lejos, porque su estallido contra lo que tenga enfrente o lo que se cruce en su mente, a veces puede ser brutal. En realidad esto no es típico de niños. Pero se supone que a medida que vamos creciendo y «madurando», vamos también siendo más capaces de gestionar nuestras emociones de tal manera que no nos sintamos superados por ellas.

 

Fotografía: Maribel Sobrino

 

A partir de estas emociones, una forma habitual de enfrentarnos al error es evitando actuar. No haciendo. Abandonando al primer error o en cuanto aparece una pizca de ese miedo a equivocarnos. O no haciendo por inseguridad, por no sentirnos capaces, por dudar de si podemos o no podemos «hacerlo bien».

 

Si hablas con un profesional o con tu sentido común como madre o padre, sabrás la importancia de aprender de los errores. De los errores se puede aprender, y mucho. Si somos capaces de enfrentarnos al error, aprenderemos más de lo que pensamos. Aprenderemos que no pasa nada por no ser perfectos, porque algo salga mal. Pero también aprenderemos una cuestión actitudinal: reírse de los errores es posible, no juzgarnos por ellos es sano y constructivo, tomarse los errores de manera positiva es posible.

 

Y cuando los tomamos así, cuando no nos juzgamos por no hacer bien todo, podemos crecer y, por tanto, aprender.

 

A veces a los padres nos cuesta horrores explicar esto a nuestros hijos. ¿Cómo se transmite esto? ¿Cómo puedo convencer a mi hijo que no es tan grave equivocarse?

 

Aunque queramos transmitirle que el error no es nada tan malo, que puede incluso ser bueno, es frecuente que intentemos transmitir esto con un tono de voz enojado y puede que elevado, explicando a nuestro hijo que claro que puede, que lo intente. Y el siguiente paso, cuando nuestro hijo sigue bloqueado, nuestra frustración por no saber como ayudarle a enfrentarse a la situación, se transforma en rabia y en enfado. Desde estas emociones, está claro que ni nuestro hijo ni nosotros estamos en el mejor momento para manejar esa situación. Y la próxima vez que ocurra algo similar, ambos tendremos miedo a que la situación se repita y tenderemos a evitarlo.

 

Fotografía: Maribel Sobrino

 

Los cuentos son recursos estupendos para aprender de forma indirecta habilidades que nos cuestan. Enseñan herramientas que podemos utilizar en un momento difícil desde un punto tan indirecto que no nos protegemos, porque no nos sentimos cuestionados. No nos lo dicen a nosotros, lo cuentan en el libro, para cualquiera que lo lea. Desde ese punto siempre es más fácil abrir las orejas y la mente.

 

Estos días hemos descubierto un libro perfecto para aprender a manejarnos con los errores. Se trata de Un libro lleno de errores, de Corinna Luyken, y traducido por Vanesa Pérez-Sauquillo. Es de la editorial Lumen Infantil.

 

Un libro precioso por su mensaje y que contiene unas bellas ilustraciones. Mi hija enseguida se dió cuenta que los dibujos eran diferentes, así fuimos a buscar si tenían algo de especial. Y así era… Son dibujos realizados en tinta china y acuarela, muy finos, coloridos y muy atractivos para los ojos de un niño. Tanto el contenido como la parte visual te mantienen enganchado al libro.

 

Y además, ¡lo leerás y lo ojearás una y otra vez! 

 

Y lo mejor: tus hijos también lo harán.

 

 

Cuando dibujas, es muy fácil ser crítico y que no te gusten los trazos que van resultando en el papel.

 

Así inicia esta bonita historia que te hace pensar… con un error… Porque hacer un ojo mucho más grande que el otro, definitivamente es un error… ¿no es así?

 

Pero, ¿se te ocurre cómo usar este error para que puedas crear una bonita estampa? Quizá el error no quede tan horrible, queda quede hasta original… Quizá poniéndolo esto.. o esto otro…

 

¡¡¡Quizá ese error esté colaborando a encender la chispa de la inspiración!!!

¡¡Guau!! ¡Este error puede ser genial!

 

 

Un libro lleno de errores no te va a decir lo que tienes que pensar ni lo que tienes que hacer. Este libro te llevará, sin darte cuenta, a sacar tus propias conclusiones y te mostrará casi sin palabras, la belleza que puede haber en lo que en un principio se interpretó como un error.

 

 

Un libro lleno de errores te acompañará en el proceso de experimentar, mediante la narración y los dibujos, que un error (o una serie de errores) te puede llevar a resultados bonitos, originales y estupendos. Quizá incluso mucho mejor de lo que esperabas. Porque el error hace que las cosas sean imperfectas, puede llevar a cosas nuevas, a crear algo que nunca se te hubiera ocurrido, pero que te encanta.

 

El libro está dirigido a mayores de 4 años. Cada día tengo más claro que los libros no tienen edad. Que en cada edad el libro se usará de forma diferente, que no se sacarán los mismos mensajes, que la interpretación es libre según la persona y la edad, pero que el disfrute con el cuento puede ser igual de intenso. En casa mi hija de 8 años coge el cuento siempre que lo ve. Aunque no esté en ese momento leyendo, disfruta de él 5 o 10 minutos, y lo releído ya muchísimas veces. Y el pequeño, de casi 2 años, disfruta mucho de mirar las ilustraciones y sus colores. No entiende las letras, ni sigue la historia de principio a fin, pero juega con los colores, con dibujos de globos, de niños, y se deja hipnotizar…

 

Y después de leer todo esto, piénsalo, en realidad, ¿qué es un error?

Sólo es algo que nosotros interpretamos que no es correcto.

 

¿Y el error necesariamente es malo? ¿Tú que crees?

 

Con este cuento, y fijándonos en nuestra vida con mente abierta y ojos curiosos, podemos concluir que del error pueden salir cosas chulísimas.

 

¿Se te ocurren cosas que han sido las mejores y han empezado por una equivocación?

A mi se me ocurren unas cuantas ;).

 

¿Qué te parece si dejamos de censurar el error y empezamos a enfocarlo como una oportunidad? 😉

 
 

Para que sepas más de este libro, te dejo aquí los datos fundamentales:

 

Puedes conseguir el libro aquí:

 

Otros títulos recomendados:

Ellie, la elefantita creativa

El Garaje de Gus